Lectura del santo Evangelio según san Lucas


Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la

región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo

del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz

potente, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”

Y dicho esto, expiró.


Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre

bueno y justo, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo

de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo

colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían

puesto a nadie todavía.


El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron

las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían

preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada

del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor

Jesús.


Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les

presentaron dos varones con vestidos resplandecientes.

Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra,

los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al

que esta vivo? No está aquí; ha resucitado”.


Palabra del Señor.

G9, Lucas 23,44-46. 50. 52-53; 24,1-6a