Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos


Hermanos y hermanas: Si Dios está a nuestro favor,

¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó

a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,

¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con

su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios

mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los

condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a

la derecha de Dios para interceder por nosotros?


¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama

Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?


Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.


Palabra de Dios.

E5, Romanos 8,31b-35.37-39