Lectura de los Hechos de los Apóstoles


En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y los que

estaban en su casa, con estas palabras: "Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para

anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.


Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo

principio en Galilea, después del Bautismo predicado por

Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a

Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien

sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios

estaba con él.


Nosotros somos testigos de cuanto él hizo en Judea y en

Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo

resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo,

sino únicamente a los testigos que él, de antemano, había

escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con él

después de que resucitó de entre los muertos.


El nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios

lo ha constituido juez de vivos y muertos. El testimonio de los

profetas es unánime: que cuantos creen en él reciben, por su

medio, el perdón de los pecados"


Palabra de Dios.


C8, Hechos de los Apóstoles 10:34-43